jueves, 2 de mayo de 2013

Viajes al espacio

Cuando era niña teníamos en casa la enciclopedia Marín, que era la que tenía casi todo el mundo en los hogares de la España de los 70. La componían 6 tomos de Historia y otros 6 de Geografía.
A diferencia de muchos, que la adquirían meramente para adornar el aparador o rellenar los estantes, mis padres compraron la enciclopedia para leerla, si no de cabo a rabo por lo menos para consultarla de vez en cuando y sobre todo para que mis hermanos y yo nos instruyeramos con su lectura. Los padres de antes tenían una fe ciega en las enciclopedias, fueran del tema que fueran. El saber en este caso sí ocupaba lugar: el de media estantería, y valía literalmente su peso en oro.

Yo era un ratón de biblioteca y disfrutaba como una enana leyendo los tomos de Historia, contemplando las ilustraciones de cuadros, grabados y fotos que nos mostraban escenas del pasado. Las de escenas cotidianas de gente normal eran mis preferidas. Nada es tan fascinante como la vida real, las pequeñas grandezas y miserias de la existencia humana.
Cuando me leí los seis tomos de Historia (es un decir, nadie en su sano juicio se leería la Enciclopedia Marín entera), la emprendí con los seis ejemplares de Geografía. Me recorrí los cinco continentes cruzando ríos, surcando mares, escalando montañas y visitando todas las capitales del mundo. Si eso no es viajar....

El último libraco, el 6, se titulaba 'El Universo'. La primera vez que lo abrí tenía yo unos doce años.
Me dediqué simplemente a mirar las ilustraciones y leer los pies de foto y algunos pasajes interesantes y 'sencillos' de entender, ya que para comprender y asimilar todos aquellos conceptos astrofísicos había que tener un cerebro como por ejemplo el de Einstein.
Uno de aquellos pasajes digamos facilitos era el dedicado a la velocidad de la luz. Mi cerebro pre-adolescente se encontraba en una maravillosa etapa de comprensión y asimilación de información que dificilmente se vuelve a tener en la edad adulta.
Lo que me ocurrió es que leyendo sobre todo aquello de las distancias y medidas lumínicas entreví la inmensa magnitud del Universo, la enorme, inacabable inmensidad de lo que no tiene fin, ni principio. Me asomé a las distancias siderales que sólo se pueden medir en años luz.

La tierra está a 150.000.000 de kilómetros del Sol. Viajando a la velocidad de la luz, tardaríamos tan sólo 8 minutillos en llegar a nuestro astro. Como quien va en metro por ejemplo de Fuencarral a Cuatro Caminos.
Bien, tampoco está tan lejos, ¿no?
Pero si ahora quisiéramos ir a otra estrella, por ejemplo a Alfa Casiopea, tardaríamos 229 años luz en llegar hasta allí. (Llegaríamos muertos del viaje, eso sí). Imagina ahora la distancia en kilómetros.
¿Se pueden concebir distancias tan enormemente grandes? Sí, pero produce una extraña sensación de vértigo.
(Recuerdo una vez que estaba en cama con gripe, aletargada por la fiebre alta, y entonces ocurrió que era como si tuviera la Vía Láctea en la boca. Si hacía movimientos rotatorios con la lengua contra el paladar, podía sentir la magnitud de aquella inconmensurable espiral de un diámetro de 100.000 años luz que forman todos los 400 mil millones de soles con sus respectivos planetas. Y ahora estaba la galaxia entera en mi boca. Fue una experiencia formidable y altamente inquietante, que volví a tener un par de veces más.)

Hay miles de galaxias en nuestro Universo, muchas de ellas a millones de años luz. Tantos que nuestras modestas, humildes cifras del 0 al infinito no nos sirven de nada para calcular tamaña distancia.
Cuando acabé de leer aquel capítulo sobre la inmensidad del espacio, me daba vueltas la cabeza por la magnitud del concepto 'infinito'. Me sentí pequeña, minúscula, microscópica, nada. Se me habían dormido las manos y las piernas por sostener y apoyar el mamotreto aquel pero se me había despertado una parte del entendimiento que antes no estaba, o que aún estaba en estado latente. Porque de alguna manera, todo aquel infinito podía caber dentro de un cerebro humano. ¿Dónde está el universo? Está allí arriba-afuera, pero tambien aquí, en mi cabeza. Yo lo he visto.




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LA MUSICA

Aparte de enciclopedias hay otros medios de viajar al cosmos: los libros de ciencia ficción, a los que soy, o era adicta, y por supuesto la música. Existen muchas canciones sobre viajes espaciales, astronautas, la Luna, los planetas, etc, pero algunas hablan de temas muy diferentes, a pesar del título más o menos cósmico. Por ejemplo, Walking On The Moon de The Police, habla sobre la sensación de ingravidez que se siente cuando se está enamorado.

He realizado una pequeña selección de canciones sobre el espacio, o si se quiere, sobre qué se siente cuando se sale al arriba-afuera.
(Por cierto, esta expresión 'arriba-afuera' viene de la magistral obra de SF Los Señores de la Instrumentalidad, de Cordwayner Smith. Si te gusta pensar y soñar, éste es tu libro de ciencia ficción.)

Espero que disfrutes con la música que comparto hoy aquí.


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Astronaut- Spinvis
Album debut Spinvis, 2002.
Erik de Jong es el artífice de Spinvis (pez araña en holandés), un solo-project de poprock experimental basado en el sonido lo-fi (low fidelity).
Este músico y cantante neerlandés multiinstrumentista compone unas canciones llenas de poesía urbana, a veces nostálgicas, a veces irónicas, pero que siempre te tocan el alma.

Astronaut es uno de mis temas favoritos de Spinvis, una canción sobre el estar en el espacio y que tu madre o padre te estuviera diciendo que tengas cuidado allí arriba y que no tengas miedo y que sigas siempre recto. Porque no hay nada que se parezca más a un niño ni nada más vulnerable que un astronauta en su cohete en la soledad del espacio, rodeado de oscuridad en la inmensidad del universo.

[.....]
Los planetas cantan en voz baja
Sobre la maravilla que te espera 
No mires atrás, sigue siempre adelante
Buen viaje
Y ten cuidado
Astronauta, como niño de plateada lágrima
Astronauta, rodeado de oscuridad
[.....]






Space Oddity- David Bowie
Album David Bowie, 1969
El cosmonauta Major Tom es un personaje ficticio, pero para muchos de nosotros más real que muchos astronautas reales a los que no conocemos.
En esta odisea espacial lo encontramos viajando al cosmos en su nave y perdiendo el contacto con todo lo que hasta entonces era su mundo, su realidad.
Volvemos a encontrar al Major Tom en otras canciones de Bowie, como Ashes To Ashes.
Space Oddity forma parte de nuestro subconsciente musical colectivo. Creo que todos nos hemos sentido alguna vez como el Major Tom en el espacio, solos y desconectados del  resto del mundo.






Destination Venus- The Rezillos
Album Mission Accomplished But The Beat Goes On, 1979
La banda de punk/new wave más sesentera que ha existido, es esta formación escocesa que sacó este tema cuando aún eran los Rezillos, antes de convertirse en los Revillos, para acabar siendo de nuevo Rezillos. Vaya tela, estos chicos....
Esta canción forma parte de la banda sonora de mi generación, la que fuimos al espacio siendo niños viendo a Amstrong y sus compinches pegando botes en la Luna, felices e ingrávidos, y más tarde nos dejamos el pelo de pincho y bailamos pogos con The faboulous Rezillos.





2000 Light Years From Home- The Rolling Stones
Album Their Satanic Majesties Request, 1967
El álbum entero ya fue una especie de ruptura con lo que hasta entonces los Stones habían hecho. De hacer versiones de música norteamericana (blues, soul y rock&roll), pasaron a los tiempos psicodélicos que les tocó vivir. Es curioso que se juntaran el LSD con los avances tecnológicos espaciales. ¿O quizá no es una casualidad?

It's so very lonely, you're a hundred light years from home.......








Looking For Astronauts- The National
Album Alligator, 2005
Me gustan The National porque son poéticos e intensos, oscuros y melancólicos, tanto en su música como en las letras, éstas últimas muchas veces de difícil interpretación. No intentes comprenderlas al dedillo porque los árboles no te dejarán ver el bosque, o en este caso las estrellas te cegarán y no te dejarán ver la galaxia musical que tienes delante.
Se buscan astronautas. ¿Vamos allá?






Spaceman- Babylon Zoo
Album The Boy With The X-Ray Eyes, 1995
He intentado subir algún vídeo de esta canción pero se me deniega cualquier intentona. Es increíble. Un artista que sólo tiene una canción que vale la pena (spacerock y glamrock revival de los 90) y va su compañía discográfica e impide con carros y carretas que modestas bloggers como una servidora puedan poner la canción en su pequeño blog.
He tirado por la calle del medio, a ver si me van a impedir a mí estos petimetres poner la música que me salga de...... de la escafandra espacial.
Espero que se pueda ver el video......


ver video 





53 Miles West Of Venus- The B-52s
Album Wild Planet, 1980
El mejor álbum de esta fantástica banda de Athens, Georgia, que ya tantas veces he pinchado en mi blog, contiene esta pequeña joya del pop-new wave, y como es mi canción espacial preferida la he dejado para el final. Creo que tambien es mi canción B-52's favorita.....
Buen viaje!
































viernes, 22 de marzo de 2013

Aviones y gente corriente

 El azafato recorre los asientos del avión mientras hace recuento de los pasajeros. Es una rutina que nunca o casi nunca trae consigo contratiempos. Hoy tocaba el casi.
Estamos en el aeropuerto de Valencia y acaban de embarcarnos con media hora de retraso.
El atractivo azafato holandés arruga la nariz mientras comprueba la notita de papel que lleva en una mano, con cara de no haberle salido las cuentas bien. Le dice algo a su compañera, y juntos emprenden de nuevo el recuento de viajeros.
Los viajeros miramos cómo nos vuelven a contar, como si fuéramos prisioneros a los que se estuviera controlando, no fuera a ser que alguno se lo pensara mejor y decidiera salir corriendo del avión antes de despegar.

La voz del piloto resuena en los altavoces. Habla en holandés, y exceptuándome a mí y a media docena escasa de compatriotas neerlandeses, nadie entiende el mensaje, ya que la casi totalidad de los viajeros son valencianos que van a pasar las Fallas en Amsterdam.
El piloto acaba de anunciar que hay 4 pasajeros de más en el avión. Repite el mensaje en inglés, y parece que algunos de los españoles han entendido lo que ha dicho. La gran mayoría, sin embargo, sigue ignorando que allí sobran cuatro y que hasta que no se aclare el misterio no despegaremos de Manises.
Ahora habla in situ una de las azafatas, que recorre el angosto pasillo preguntando a los señores pasajeros si saben ya que ese vuelo se dirige a Amsterdam, y que si oyen su nombre abandonen ipso facto el lugar, ya que se encuentran en el avión equivocado. Por desgracia lo ha anunciado en inglés, y casi nadie se da por enterado.

Entonces se oye por los altavoces de la cabina una voz estridente, de dependienta del Corte Inglés,  decir en tono resabido y en castellano:
'Señores pasajeros, si su nombre se encuentra en esta lista, pongáse por favor en contacto con el personal del avión.'
Y a continuación nombra a cuatro personas. Tres de los nombres son españoles, el último es holandés y le ha costado esfuerzo pronunciarlo. Nadie se mueve ni levanta el dedo. Silencio.

En esto, un hombre bajo y cabezón se levanta del asiento, abre el maletero y empieza a rebuscar algo. Saca una bolsa de viaje. Parece ser que es uno de los nombrados y que recoge sus cosas para abandonar el avión en el que ha embarcado por equivocación. Pero entonces saca algo de la bolsa, la coloca de nuevo en el maletero y vuelve a sentarse tranquilamente. La azafata se le acerca y le pregunta:
'Sir, are you going to Amsterdam?'
El hombre la mira con cara de mi no comprender, amedrentado como un escolar frente a una profesora inquisitiva. La azafata repite la pregunta en castellano turístico:
'¿Viaja usted a Amsterdam, señor?'
El escolar crecidito contesta que sí con la cabeza, como si le hubieran pillado haciendo algo feo.
No era uno de los pasajeros sobrantes. Sólo se había levantado a sacar el bocadillo de salchichón de la maleta. Cientoveinte miradas burlonas se clavan en el pasajero zoquete.

Diez minutos largos más tarde, se levanta de su asiento un chico muy jóven y avanza por el pasillo dirigiendose a la cabina de los auxiliares de vuelo. Mi asiento es el penúltimo y queda cerca de la cabina, asi que puedo oír la conversación.
'Oiga, ¿a dónde va este avión?' pregunta el chico, visiblemente angustiado. La azafata, la que habla castellano responde:
'Este vuelo va a Amsterdam.'
'¿¿¿No va a Bucarest???'
'Pues no. Debe usted coger otro vuelo. Si se da prisa puede que aún esté a tiempo.'
El chico se dirige a toda velocidad a su sitio mientras murmura como una retahíla: 'madre mía, madre mía, madre mía', abre el maletero y de un tirón saca una cazadora. Equipaje de mano no tiene, y es de suponer que su maleta se encuentra en estos momentos camino de Bucarest, mientras su dueño corre pasillo adelante y desaparece por la puerta.
'Pobre chaval', dice alguien.
'Yo lo que no entiendo es cómo cojones le han dejado embarcar en este avión. Si te miran el billete antes de subir!' dice otro.
'Así de bien lo mirarán....', apostilla otro pasajero.
'Ay senyor, quina paciencia s' ha de tindre...!' dice un señor mayor.

El piloto habla ahora por el micro. Nos dice que el jovenzuelo despistado se acaba de embarcar con éxito en el vuelo correcto, y que el problema de los pasajeros sobrantes se ha resuelto. Y que ya podemos despegar rumbo a Amsterdam. Esto último lo ha entendido todo el mundo, y una oleada de alivio recorre la estancia.

El avión abandona tierra firme, tierra valenciana, y se eleva por los aires como una gran ave de metal, dejando atrás, abajo, los naranjos y las palmeras, el paisaje en tonos ocres dorado por el sol de marzo.
Atrás quedan los días de vino y Fallas que acabo de vivir y que ya parecen como un sueño, desde mi ventanuco aqui arriba, en el cielo.  




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LA MUSICA

Aeroplane- Red Hot Chili Peppers
Album One Hot Minute, 1995
Uno de lo temas más optimistas y funkys de la banda californiana, con un bajo que se sale. Por cierto, la hija del bajista Flea y sus compañeros de clase fueron los niños encargados de hacer los coros al final de la canción.








Twenty Flight Rock- Eddie Cochran
Tema de 1957, que cantó Cochran en una comedia titulada The Girl Can' t Help it.
Versioneada por diversos artistas como The Rolling Stones y Stray Cats, entre otros.









Eight Miles Hight- The Byrds
Single de 1966, incluído en el álbum Fifth Dimension.
Este tema es del la época del subidón de rock psicodélico de mediados de los 60. La canción habla de otros subidones, que poco o nada tienen que ver con viajes en avión.









Bomber- Motorhead
Album Bomber, de 1979
Vale, mi relato se desarrolla en un avión comercial y no en un caza bombardero, peroooo........ qué temazo, señores pasajeros!
La mítica banda británica de speed metal y/o hard rock lanzó su tercer disco y fue un bombazo, con canciones como Stone Dead Forever.
Oigamos ahora Bomber:








Up Up And Away- 5th Dimension
Y ahora, tras tantas emociones fuertes, volvamos a los años felices de la niñez, cuando el mundo era aún tonto pero amable, igual que esta tonta cancioncilla de los 60, que a mí personalmente me transporta a un anuncio sesentero de Lufthansa con Haino de azafato y de Coca Cola, todo junto. 
Este tema es deliciosamente vomitivo, como un mal viaje lleno de turbulencias en el que las azafatas no paran de sonreír a pesar de todo.
A disfrutarlo!




jueves, 17 de enero de 2013

Alicante- Amsterdam sin retorno


Foto: Enric Martinez
Dentro de poco se cumplen siete años desde que dejé España para venirme a vivir a Holanda.
Con tal motivo he querido rememorar mis primeros tiempos aquí, los comienzos de mi nueva vida.
Hace siete años saqué un billete Alicante - Amsterdam sólo de ida, sin retorno, y no me arrepiento.


                                                     

OUT OF AFRICA

Es una mañana ventosa de mediados de febrero. Pero hoy además hace un frío que pela. Calculo que debemos estar a -1. Siempre se me ha dado bien esto de adivinar la temperatura reinante, tanto de calor como de frío.
Es mi segundo día en mi otro país, Holanda, y concretamente en Hilversum.
Estoy en la estación de tren, embutida en un anorak largo y estrecho que parece más un edredón que una prenda de vestir. Miro a través de los grandes ventanales hacia la calle casi desierta.
Tengo unas ganas locas de fumarme un cigarrillo pero no consigo reunir el valor para salir al exterior a hacerlo. Acabo de venir del Sur y estas bajas temperaturas del Norte me tienen acobardada.
Por el aire vuelan gaviotas de ciudad que nunca han visto el mar y vuelan tambien papeles errantes como aves extraviadas, y las aves de carne y hueso andan pegando saltitos por aquí y por allá en busca de un trocito de bocadillo, una patata frita o los restos de una kroket del Fevo.
Me fijo en lo sucias que están las calles en este pueblo venido a más y que es casi una pequeña ciudad.

Un africano se viene a mi lado. Se me debe notar que soy nueva en el lugar porque me saluda en inglés e inicia una conversación en ese idioma. Esta gente tiene un radar que detecta a los que como ellos, acaban de llegar del Sur.
"Where are you from?' me pregunta amablemente.
'Spain'
'Oh, 'Espannia' muy bonito!', exclama sonriente el africano.
'¿Hablas español?' le digo. Si, lo habla un poquito porque tiempo atrás estuvo trabajando una temporada en España. Tambien me cuenta, en ese extraño castellano africano suyo, que lleva siete años en Holanda. No es un recién llegado, no.
Pero su limitado español no da para mucho más, así que volvemos al inglés y le pregunto que si habla holandés.
'Natuurlijk!' contesta el africano un poco molesto. Siento una ligera punzada de envidia. Yo aún estoy lejos de hablar de forma decente el idioma de este país, aunque entiendo algunas palabras y soy capaz de decir algunas cosillas. Pero soy consciente de la montaña que aún me queda por escalar. Esto es sólo el principio.
Callamos y observamos la calle desde el ventanal de la estación. Le digo que Hilversum no parece muy bonito que digamos, aunque sí acogedor. El hombre venido del lejano y cálido país se queda un rato en silencio, sonriendo y contemplando el paisaje que tenemos ante nosotros. Sus ojos brillan, tan sonrientes como su ancha boca. Contempla la ciudad con orgullo, como un rey sus dominios y dice:
'Ja, dit is Hilversum!'


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TODOS HABLAMOS EL MISMO IDIOMA

Los primeros dos meses estuve muy ocupada aclimatándome al lugar, a la luz y al clima, a los horarios de comida, a la gente.
No me fue muy difícil, dado que soy hija de holandés y viví en Rotterdam hasta los cinco años. Tenía la impresión de haber vuelto a mi tierra tras muchos años de ausencia.
Pero por muy hija de holandés que fuera, no tenía prácticamente idea del idioma, como no fueran algunas palabras sueltas que se habían quedado pegadas a mi memoria. Además de eso, antes de venir al país había aprendido algo de gramática básica en un cursillo online.
Pero un idioma consiste en algo más que en palabras sueltas......

A mediados de mayo, en aquella mi primera primavera en Holanda, comenzó un curso de iniciación al idioma de un mes y medio. Tras las vacaciones de verano comenzaría el curso en sí, que duraba un año escolar.
Me tocó en una clase con veinte alumnos más. Gente venida de los más dispares rincones del mundo: Italia, Inglaterra, Turquía, Marruecos, Ecuador, Brasil, Filipinas, Tailandia, Egipto, Afganistán, Iran, Irak y Azerbayán. Aquello parecía la torre de Babel.
Enseguida congenié con una ecuatoriana y una brasileña.
Para entendernos entre nosotros cuando no estábamos dando lección, utilizábamos una mezcla de inglés, el idioma nativo de cada cual y el holandés que íbamos aprendiendo en clase.
Cada una de esas personas llevaba una historia diferente a sus espaldas. Algunos eran vluchtelingen o refugiados. Huian de guerras, o de países miseros sin futuro.
Otros estaban aquí simplemete por motivos de trabajo, como los dos simpáticos italianos, con los que nos partíamos de risa en clase. Recuerdo que cuando hacía calor se quitaban los zapatos y los aparcaban debajo de la mesa.
Muchos de los que acudían a aprender holandés eran mujeres que estaban casadas o emparejadas con holandeses. En algunos casos se trataba de una relación puramente de interés. Mujeres de países pobres, a menudo madres solteras, que accedían a contraer matrimonio con holandeses solos, que por la razón que fuera no habían podido o querido encontrar pareja aqui.

A veces, cuando estaba en aquel aula junto con todas aquellas personas venidas de sitios tan lejanos y dispares, me acometía la sensación de ser una privilegiada, solo por el hecho de tener el honor de poder codearme con un trocito de Iran, una pequeña parte de Azerbayan, o de cualquiera de los países de los que venían mis compañeros de clase.
Me gustaba escuchar las distintas formas de pronunciar el holandés, disfrutaba oyendo los diferentes acentos, algunos cantarines y suaves, otros terribles.
Tambien me fijé en la forma en que las personas de distintas culturas y distintas lenguas intentamos comunicarnos entre nosotros. Si existe un lenguaje universal, que no necesita traducción ese es el sentido del humor. Resulta que a los iraníes les hacen gracia las mismas cosas que a los italianos, por poner un ejemplo.

¿Os habéis preguntado alguna vez la razón por la cual el verbo 'ser' es el más importante? No sólo en nuestra lengua sino tambien en todas las lenguas del mundo.
Ser, zijn, être, to be, sein, essere, estu, vara, byc, olmac, lá, maging, izan, e, vaere, lehet, a bheith...... Qué hermosas suenan todas estas palabras, cada una de ellas con una música diferente, pero todas ellas con el mismo significado, la misma esencia...!
Todas las lenguas tienen la misma raíz, una misma fuente que surgió en el momento en que la humanidad tuvo la necesidad de decir 'Yo soy, nosotros somos!'


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EL GATO TIJGER

Aquel primer verano transcurrió lenta y perezosamente, como ocurre siempre que se tienen ganas de volver a la escuela. Y fue un verano muy caluroso.
En el transcurso del estío abandoné el tabaco para siempre, simplemente dejé de fumar una tarde de junio en que hacía un calor infernal, y nunca volví a encender un pitillo. Qué alivio.
Tambien dejamos la buhardilla donde vivíamos para mudarnos a la planta baja de la vivienda. La nueva casa no era mucho más grande que el diminuto desván que hasta entonces habíamos habitado, pero al menos era una casa de verdad, con un salón, una cocina, un dormitorio y un baño. Tenía además un pequeño jardín trasero que daba al de los demás vecinos.
Qué contenta estaba yo con mi nueva casa! Me parecía un palacio en comparación con la buhardilla.

Una mañana cualquiera, recién mudados al nuevo hogar, estaba yo en la cocina. Era una de esas preciosas mañanas de septiembre, que quizás es el mes más bonito del año. Un septiembre dorado y aún templado, donde termina el estío y otras muchas cosas tambien tienen su final. Pero al mismo tiempo septiembre es el principio de todo.

En esas divagaciones andaba cuando me di cuenta de que no estaba sola. Un robusto gato se encontraba a mi lado. Había entrado por la abierta ventana que daba al jardín y patios traseros. No le conocía de nada, era la primera vez que lo veía. Y sin embargo estaba en mi cocina, sentado, mirandome serio y tranquilo. Me encantó su presencia. Los gatos siempre son bienvenidos en mi casa y no tienen que darme explicaciones de nada.
Nos miramos. El gato no hizo nada ni yo tampoco. Yo tenía en ese momento un trozo de queso en una mano y en la otra un cuchillo quesero, ya que tenía intención de hacerme un bocadillo para almorzar. Me fijé en que el gato miraba el queso de soslayo, y al mismo tiempo me miraba a los ojos con fijeza, como si quisiera hipnotizarme.
'Vale, te he entendido. Toma un trocito'
El gato no se hizo de rogar. Resultó que el queso le volvía loco y que además entendía perfectamente el castellano. Fue el principio de una bonita amistad.

Apenas medio año en Holanda y volvíamos a tener un gato. Bueno, en realidad no era nuestro sino de los vecinos de un par de casas más allá, una pareja jóven con dos críos pequeños, que es justamente lo último que desea un gato. Por eso venía Tijger, que así se llamaba el felino, a pasar el dia a nuestra casa, para huir de aquel par de horribles niños chillones, ruidosos, hiperactivos e impredecibles, cuatro características humanas que los gatos odian.
Por las noches se iba a vivir su naturaleza gatuna. Cazaba, andaba por los tejados, hacía expediciones a los territorios colindantes y se peleaba con otros minitigres del barrio.
Pero volvía cada mañana temprano. Cuando estaba yo deasyunando para irme a clase de holandés ya estaba el gato llamando a la ventana para que le dejara entrar. A veces me traía un regalo, algún ratón muerto para acompañar el café. Lo depositaba a mis pies o lo dejaba en el jardín, bajo la ventana de la cocina. Entonces yo hacía como que estaba muy contenta con el obsequio, recogía el inerte ratoncillo y lo tiraba con disimulo al cubo de la basura sin que el gato me viera, no fuera a herir sus sentimientos.

Quince meses pasaron, y entonces nos mudamos a otra casa, mucho más grande, confortable y bonita.
Habíamos tenido varios problemas con la hasta entonces nuestra vivienda: había mucha humedad y la falta de espacio era cada vez más acuciante, a medida que íbamos acumulando cosas. De no haber sido así me hubiera quedado muy a gusto en ella. Me gustaba mucho aquella casita, y fuí muy dichosa en ella, quizá fue la época más feliz de todos estos años.

No me hizo ninguna gracia tener que dejar a Tijger. En realidad no le dejaba, ya que oficialmente era el gato de otra gente, pero todos aquellos meses juntos habían creado una amistad muy especial entre ese gato y nosotros.
La última noche en la casa estaba sentada escribiendo un email, con el gato en el regazo. Miré por la ventana. Afuera avanzaba el ocaso temprano de diciembre, cambiando el conocido, familiar paisaje en una vaga imagen envuelta en sombras indefinidas.



                                          Tijger en el jardín




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LA MUSICA

Julio de 2007. Paseando por Leeuwenstraat, una calle de la arteria comercial de mi ciudad, decido de buenas a primeras entrar en 'T Oor (la oreja), una de las mejores tiendas de vinilos y cd' s que conozco.
Esta tienda me encanta, ya que además de estar relativamente bien surtida, es un estableciemiento muy bonito. Tiene un suelo de madera antígua en el que tus pasos resuenan como pasos de baile. Casi te dan ganas de ponerte a bailar claqué o flamenco.
Y luego están además todos esos estantes llenos de cd's de buena música. Aquí no vengas a buscar nada si eres fan de los Toppers! (trío musical penoso, que gusta a las masas aqui).

Nada más poner los pies en la tienda me envuelve una música increíble. Suena en el local una canción preciosa, con piano. Me quedo flipada escuchandola, mientras rebusco entre los cd's. La siguiente canción me recuerda algo a Joy Division pero su melancolía es como más romántica, en el buen sentido de la palabra. Qué bueno es este grupo, dios!
Me acerco al mostrador y le pregunto al dueño de la tienda que quienes son esta banda. Son The National. Y el cd se llama Boxer. Y la canción que sonaba cuando entré en la tienda era Fake Empire.
"Necesito tener ese cd! Quiero comprarlo!' digo con los ojos vidriosos.
"Sólo tengo este ejemplar en la tienda, el que está sonando' contesta el dependiente.
("Dame ese cd ahora o no respondo'), hubiera querido decirle al de la tienda. En vez de eso le digo que qerría encargar un ejemplar y que para cuándo lo tendría.
"Oh, puedes llevarte este si quieres", dice el dependiente, magnánimo. Y a continuación saca el preciado cd del aparato de música para dármelo, quedándo el recinto súbitamente en silencio. Algunos clientes allí presentes me miran con inquina. Por mi culpa se han quedado a medias con The National.
"Gracias! Nunca olvidaré esto!" digo mientras salgo de la tienda precipitadamente, llevando conmigo mi trofeo.


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The National

Lo mío con esta banda de Ohio fue un enamoramiento total a primera vista, o mejor dicho a primera oreja. Cuando los descubrí, en 2007, hacía mucho tiempo que no me pasaba eso, ya sabes, descubres algo nuevo y pum! te vuelves loca.

El cd que nos ocupa es Boxer, lanzado en mayo de 2007. Cuando entré en la tienda de discos aquel día acababan de recibir un ejemplar de muestra y estaban escuchandolo. Y voy yo y me lo llevo, jajajaja.
(Este mismo relato lo publiqué hace unos meses en mi blog holandés y se lo mandé a los de 'T Oor para que lo leyeran. Tambien ellos recordaban aquella anécdota.)

Absolutamente todos los temas de Boxer son magníficos. Intensos, melancólicos, románticos con un punto oscuro. La voz de barítono de Matt Berninger, cantante y compositor del grupo, me recuerda así de lejos a Leonard Cohen.

Tuve la suerte de ver en directo a The National en 2010 en el Tivoli (Utrecht), en su gira de promoción del hasta ahora su último trabajo, Hight Violet.

Os dejo con una selección de temas del álbum Boxer.



Mistake For Strangers
Oh you wouldn' t have an angel watching over
surprise, surprise they wouldn' t wanna watch





Fake Empire







Slow Show
You know I dreamed about you
for twenty-nine years before I saw you
You know I dreamed about you
I missed you for
for twenty-nine years






Guest Room





Ada







 






















miércoles, 9 de enero de 2013

La accidentada visita de Johnny Thunders

 Cuando aquella noche de noviembre salí de casa para irme de marcha al Barrio, poco me podia imaginar todo lo que iba a sucederme en las horas siguientes, y la repercusión que esos acontecimientos iban a tener en mi vida.

Cuando acabé de arreglarme y me disponía a salir, ataviada con un jersey negro de punto fino, una minifalda negra, medias negras de nylon, una cazadora vaquera y las botas de flecos de mi hermana, dudé un momento. ¿Realmente me apetecía adentrarme en la noche fría del avanzado otoño, para esperar durante una eternidad el autobús de línea en aquella parada desierta, a pie de carretera? ¿Merecía la pena salir de casa para ir a tomarme un par de copas aquel aburrido sábado, sin tener siquiera la certeza de encontrar a algún amigo o conocido con quien charlar un rato en el bar?

Mis hermanos acababan de encargar una pizza en el Florentino, que las hacía de miedo, pues había aprendido en Italia a voltear la masa con gracia de malabarista y las cocía en horno de leña.
Nuestra favorita era la de ajo y cebolla con parmesano.
'No salgas esta noche, quédate con nosotros a comer la pizza' dijo mi hermano.
La idea de una tranquila velada en casita, con pizza del Florentino, sofá y tele (informe semanal y peli de sábado noche) me sedujo poderosamente, y a punto estuve de quitarme la chaqueta y descalzarme las botacas de flecos de mi hermana, ponerme las zapatillas de casa y mandar a la mierda al Barrio y sus copas y fauna nocturna y su buena música rock y.....
Y me dejé puestas las botas y la chupa y salí a la noche incierta y fría de aquel noviembre de 1986, sin saber que no volvería a mi hogar en un mes.
Cuando ya de madrugada volvía a casa y cruzaba la carretera para dirigirme al edificio donde vivía, me atropelló un coche.

Me desperté en el hospital y lo primero que vi fue la cara de panetone de Florentino, el pizzero.
'Hola Patricia, ¿Sabes quién soy?', dijo el panetone.
Su presencia allí me resultó tan surrealista como si hubiera sido la del presentador del telediario, o mi profesor de matemáticas de sexto, por poner un ejemplo. Pero como lo que me había pasado era tan fuerte, ya nada me sorprendía.
'Pues si, eres Florentino, el de la pizzeria de abajo de casa. Mi madre trabaja contigo', contesté, para demostrarle que no se me había abollado la sesera tras el accidente.
Había llevado en su coche a mi madre al hospital, esa era la razón de su presencia aqui, junto a mi cama. El bueno del pizzero entró a verme él primero para evaluar el desastre y así evitarle a mi madre una impresión fuerte si mi estado era muy malo.
'¿Sabes porqué estás aqui, Patricia?', inquirió entretanto el médico.
'Me parece que me ha pillado un coche. Qué vergüenza, espero que nadie lo haya visto' , dije.
Los atropellos siempre me habían parecido tremendamente ridículos. Algunos años atrás, presencié desde el autobús escolar cómo una chica era atropellada por un seat 124, lanzada por los aires como un pelele y caía pesadamente sobre el capó del coche como un saco de patatas, plof, mientras en la radio del bus sonaba Fly Robin Fly, de Silver Convention. No le pasó nada, sólo el susto y una pierna rota, pero la pirueta aérea con las faldas arrengadas quedaría para siempre grabada en la retina de los que fuimos testigos del suceso, acompañada del estribillo de la canción:
Fly, Robin fly
Up, up to the sky


A pesar del aparatoso y ridículo atropello que acababa de protagonizar, mi estado no era muy grave, comparado con lo que me podría haber pasado, si en vez de mis 50 kilos hubiera pesado lo que me correspondía por mi edad, 23, y mi metro setenta. Ser un saquito de huesecillos me salvó el pellejo.
Así que tan sólo tenía unos cuantos huesos rotos. Muchos huesos rotos, la verdad. Pero eso se arreglaba en nada.
Creo que las robustas botas de flecos que llevaba puestas esa noche aciaga, prestadas de mi hermana, me habían salvado la pierna rota del desastre total, y la recia tela de la cazadora vaquera me protegió  los brazos, que sólo se rompieron un poquillo por aqui y por allá, y estos a su vez me protegieron el rostro y la cabeza, que afortunadamente no sufrieron ni un rasguño.
No lo digo en broma, tuve mucha suerte.

Pasé un mes en el hospital, donde aprendí muchas cosas. Pero eso es otra historia.



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Una semana antes de que ocurrieran los hechos que acabo de narrar, había asistido en la discoteca Paradiso al concierto de Johnny Thunders & The Heartbreakers. Acudí con mi hermana y un par de amigas.
Por desgracia para los organizadores, no fue mucha gente a ver la actuación del mítico frontman yonky de The New York Dolls. En la gran sala de la discoteca no habían más de 150 personas, de las cuales la mitad no hicieron puñetero caso a la banda neoyorkina, prefiriendo quedarse acodados en la barra del bar a ponerse morados de cubatas y a esperar tiempos mejores, esto es, a que acabase de una vez el concierto para poder disfrutar de nuevo de la música bacalao enlatada de siempre, que para eso habían venido al Paradiso.
Los demás asistentes, el público que había ido a ver tocar a la mítica banda, lo componíamos los de siempre, la flor y nata de la sociedad nocturma de aquellos locos años, de Alicante, Elche, Murcia y algún pueblo de la comarca: una buena docena de rockeros, punkarras, dueños de bares del Barrio, algunos modernos excéntricos, cuatro enteradillos musicales y unos cuantos despistados que no sabían ni quien era la banda que tocaba esa noche.

No recuerdo gran cosa de ese concierto, sólo que Johnny Thunders estuvo fatal. Salió al escenario tarde, cuando los demás miembros de la banda ya llevaban un buen rato tocando, intentando así apaciguar a los murcianos, que se estaban empezando a cabrear por la tardanza del cantante, y todos sabemos cómo se las gastan los murcianos. Asi que Jerry Nolan, el batería, se las ingenió para arrancarse unos redobles más que brillantes que dejó al público alli presente boquiabierto, mientras los otros músicos lo daban todo, a la vez que rezaban para que el gilipollas del Johnny saliera al escenario de una vez. Recuerdo que los más enteradillos llamaban Jerry al batera, por eso supongo que se trataba de Jerry Nolan.

Johnny llegó por fín, más ciego que de costumbre, y para más inri iba calzado con zapatillas de bailarina de color negro. Me refiero a ese modelo de zapatito en tela, estilo merceditas. Quizá estuvieran de moda en New York aquella temporada, pero por más que lo intenté, me resultaba imposible imaginar a Joey Ramone con semejante calzado, así que podría ser que Thunders simplemente lo usara porque le dolían los pies.
Miró al escaso pero entusiasta público que le aclamaba, o mejor dicho, insultaba:
'Colgao, gelipollaaas!! Dónde estabas cabronasoo!!' 'Y lleva sapatos de bailarina!!'
Como ya digo, Juanito Truenos evaluó unos segundos lo que tenía delante de sus vidriosos ojos, y no le gustó lo que vió. Poco público y encima grosero, más grosero y golfo si cabe que a lo que él mismo estaba acostumbrado.
El cantante que inventó el glampunk y el protopunk agarró el micrófono y empezó a hacer su trabajo, y lo hizo bien durante un rato. Cantó una canción, y cuando la acabó, se largó. Tiró el micro al suelo y se fue.
Los murcianos, ilicitanos y alicantinos alli congregados empezamos a silbar y abuchear, por lo que los Heartbreakers, que hacían lo que podían con la cruz de cantanate que les había caído, siguieron tocando animadamente. Eran increíblemente buenos. Pero aun así no lograban disimular la ausencia del frontman ni hacían olvidar su maleducada forma de abandonar el escenario. 
Así con todo, el público no paró de jalear: Jerry, Jerry!! para agradecer la dedicación con que éste aporreaba la batería.
Entonces volvió Johnny Thunders al escenario con su Gibson Les Paul, esta vez más simpático que antes y dispuesto a colaborar con su banda, y empezó a cantar y tocar con ganas. Este tío cuando quería era fantástico!  
Tanto se involucró con el público, que incluso intentó sacar al escenario a una murciana bastante guapa, como todas las chicas que estábamos allí, pero Johnny se había fijado en ella porque era la única rubia de la sala. La chica se negó rotundamente a subirse al podio con el cantante.
Pero tras un par de temas bien ejecutados, volvió a descomponerse el gran artista punkrockero en un vulgar yonky de medio pelo y abandonó el escenario dejando nuevamente colgados a los músicos, y a los espectadores muy, muy cabreados.

Creo que esta escena de me-voy-vuelvo-me-voy-me-vuelvo-a-ir se repitió varias veces, no me acuerdo ya. Hace ya de esto la friolera de 26 años....
Pero recuerdo muy bien la vuelta a casa, con mi hermana y una de las amigas. La otra amiga se quedó en la discoteca porque acababa de conocer a unos punkis de Elche que tenían una tienda de cazadoras de cuero. Nos los presentó y al poco rato abandonamos el local. No quedaban ya ganas de fiesta.
Volvimos caminando al borde de la carretera, pues el Paradiso quedaba cerca de casa.
La actuación de Johnny Thunders no había estado a la altura de lo esperado, pero la decepción que sentía era algo más que una simple desilusión por una noche mediocre y un concierto irregular. Simplemente estaba llegando al final de una carretera que no conducía a ninguna parte.

                                                     
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Si Johnny Thunders hubiera ofrecido un buen show, si tan solo no se hubiera comportado como una estrella del rock drogota y caprichosa, entonces me hubiera ido a casa con un sabor de boca inmejorable, tan bueno, que quizá el fin de semana siguiente me hubiera quedado en casita comiendo pizza de Florentino con mis hermanos, ya que no me hubiera hecho falta intentar desquitarme del fracaso del sábado anterior.
Claro que entonces no me habría atropellado ningún coche, y de esta forma no se habría producido la larga cadena de acontecimientos que cambió el rumbo de parte de mi vida.
Todo tiene sentido. ¿No lo véis? Johnny Thunders, el pizzero Florentino, el presentador del telediario, las botas de flecos, los punkis de Elche y los rockeros murcianos, las Silver Convention con su hortera melodía.....
El mundo da vueltas y tumbos y con él las damos nosotros y la vida. Nada tiene lógica ni sentido, pero con un poco de maña se lo podemos dar nosotros mismos.




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LA MUSICA

A Johnny Thunders le tocaron vivir unos tiempos musicales y culturales muy interesantes.
Nació en 1952 en New York, osea, que a los 15 añitos pudo disfrutar de un montón de buenas bandas de ese tiempo, y de otras que estaban entonces en su mejor momento, como The Rolling Stones.
Hasta tenía su propia banda de rock: Johnny & The Jaywalkers. Aprendió a tocar la guitarra y el bajo.
A los 20 años, principios de los 70, se fue a dar una vuelta por Londres donde flipó con la moda glamrock y el siempre fascinante ambiente british.
De vuelta en casita, conoció a unos tíos con los que luego formaría New York Dolls, casi casi inventores del punk, junto con otras bandas de glampunk y protopunk de la escena norteamericana como Dictators, The Stooges o más posteriormente los Ramones.
En el 77 y ya con The Heartbreakers, realizó por Gran Bretaña la mítica gira Anarchy Tour, junto con los Sex Pistols, The Clash y The Damned. En un principio iban a ir en el tour los Ramones, pero un problema con los organizadores impidió que Joey y sus hermanitos se embarcasen para England.

Me pregunto si estos organizadores tendrían algo que ver con los que, años despues, organizaron el desastroso concierto de los Ramones en la discoteca en la frontera de la Vega Baja y Murcia.
Para ver el relato pincha el enlace:

http://relatosycanciones.blogspot.nl/2012/02/el-desastroso-concierto-de-los-ramones.html 

Tras esta pausa publicitaria y siguiendo con Johnny Thunders, en los 80 siguió grabando y tocando con los Heartbreakers, y haciendo giras. En una de estas giras acertó a pasarse por la modesta ciudad de Alicante allá por el 86, a tocar en una discoteca venida a menos y reconvertida principalmente en sala de conciertos.

Johnny murió en 1992 en circunstancias poco claras, como ocurre a menudo en el mundo de la música. Tenía 38 años.
Se dijo que había sido a causa de las drogas, como siempre cuando encuentran a un artista de rock tirado en el suelo de la habitación de un hotel, muerto. So alone....
Pero se barajaron otras causas, entre ellas ajuste de cuentas, y hasta que Thunders estaba gravemente enfermo de leucemia y finalmemte la sangre se le envenenó del todo.


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Don' t Start Me Talking- New York Dolls
Album: Too Much Too Soon, 1974
Realizado con más entusiasmo que maestría, este cover de un blues de Sonny Boy Williamson demuestra de qué fuentes bebieron bandas como los NY Dolls.




Don' t Start Me Talking- Sonny Boy Williamson
Y ahora el tema original del bluesman amigo de Robert Johnson. Del single realizado en 1955. En la cara B está Al My Love In Vain.
Sonny Boy aparece fugazmente en mi relato Yo y Robert Johnson ;-)





Chinese Rock- Johnny Thunders & The Heartbreakers
Album: L.A.M.F , de 1977 
 




Chinese Rock- The Ramones
Album End Of The Century





Gloria- Johnny Thunders
Glorioso cover del temazo de Van Morrison, versioneado por casi todo el mundo.
Aparece en Born To Loose. Great Hits


 



Born To Loose- Johnny Thunders & The Heartbreakers
Album LAMF, 1977





Pipeline- Johnny Thunders & The Heartbreakers
Album So Alone, 1978
Descarada y macarra versión del tema de The Chantays. Hay vídeos mejores, pero este es de una actuación del grupo en el programa La Edad de Oro, en 1985.

   
















martes, 25 de diciembre de 2012

Viajes extraños


 Hay veces que se viaja a más de 10.000 kilómetros de distancia para visitar un país lejano y exótico y no sucede nada. Otras veces se da el caso de que viajas de un pueblo a otro, recorriendo una distancia no mayor de 50 kilómetros y sucede tanto en el intervalo que hasta te sientes diferente cuando regresas, y el camino de vuelta parece otro, aunque sea el mismo.

A finales de los años setenta viajar por carretera era bastante arriesgado, por varias razones.
Para empezar, por esa época aún no habían autovías como las de ahora, tan sólo unas cuantas autopistas de peaje que unían las ciudades más importantes.
Y tenías tambien las carreteras nacionales, en donde no eran raros los accidentes de circulación. En realidad ocurrían en cantidades industriales. Qué malas eran estas carreteras, reconcholis.
Y luego estaba tambien la siniestra Guardia Civil de la Transición o postfranquismo, vigilando las vías y de paso a los viajeros que las recorrían. Si circulabas en un coche digamos normal, lo más probable es que la Benemérita no te molestara, pero si viajabas a bordo de una furgona vieja con pintas hippies, o en un dos caballos pintoresco de esos de artista de izquierdas, o en un mercedes grandote de color rojo con matrícula de Alemania, lo más seguro era que te dieran el alto los picoletos.
Lo sé porque he viajado en todos los vehículos antes citados, y en más.

Si viajabas de Alicante a Madrid te podías tirar 5 horas de coche, y eso si ibas rapidito. La ventaja era que disfrutabas del paisaje solano y sobrio de las tierras manchegas, que cambiaba en cuanto entrabas en la meseta castellana, en donde empezaban a surgir arboledas y hasta bosquecillos de chopos recortándose contra la Sierra.
Casi siempre se hacía parada en La Roda o algún otro pueblo de la Mancha, de esos en los que entrabas en el bar Pepe o la venta Los Molinos, por citar un nombre común, y se quedaba todo el recinto en silencio mientras los parroquianos te miraban de soslayo. Entonces te pedías un bocadillo de tortilla o de manchego y una cerveza y comprabas un paquete de Fortuna, y dependiendo del tiempo y de las prisas en llegar te lo comías y bebías allí mismo, o en el coche cogiendo carretera y manta.

O en el autocar Alicante- Madrid.


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En vísperas de la Navidad del 79 iba en autocar de camino a Madrid con mi madre, hermana y hermano. Yo tenía, como no, 16 años casi recien cumplidos.
Era la primera vez que íbamos a pasar las navidades con mi familia de Madrid, en el pueblo de Fuencarral.
Era la primera vez desde hacía mucho tiempo que me sentía feliz y eufórica en vísperas de estas, hasta entonces, deprimentes fiestas.
Era la primera vez en años que podíamos permitirnos todos estos lujos.
Yo iba sentada al lado de mi hermana. Todo nos llamaba la atención; se notaba que no habíamos salido mucho de Alicante los últimos tiempos... El castillo medieval de no recuerdo qué pueblo, los bosquecillos dispersos y la luz dorada del mediodía en los campos manchegos, los pueblecillos anodinos y solos de nombres inverosímiles: Retuerta del Bullaque, Brazatortas, y así un sinfín de nombres que parecían sacados de los tebeos de Mortadelo Y Filemón. Ibamos todo el rato riéndonos y sacando punta a todo.
"¡Hijas, callaros un ratito, que no habéis parado de hablar en todo el viaje...!' nos conminó mi madre. En vez de eso nos dió otra vez la risa tonta y seguimos de cháchara. Mi hermano, de cinco años, que iba sentado junto a mi madre, soltó tambien una observación aguda de las suyas. Le reímos la gracia al niño a carcajadas.
'Anda que menudo viajecito me estáis dando...' dijo mi madre.

En la radio del autobús sonaban canciones pop de corte navideño, de esas de ayer y de siempre, como Jingle Bell, de Bobby Hems o la inevitable Feliz Navidad, de José Feliciano y por supuesto Happy Xmas de John Lennon, al que le quedaba apenas un año de vida, antes de que un trastornado le pegara cinco tiros a las puertas de su casa, a las puertas de los muchos años que le esperaban aún, si aquel tipo no se hubiera cruzado en su camino.

En el asiento delante al nuestro y en el contíguo a éste iban sentados tres gitanos: una mujer robusta y dos hombres tambien corpulentos, de unos treintaitantos. La mujer llevaba el negro y largo cabello sujeto en una coleta baja con dos peinetas a los lados, y lucía pendientes de oro y coral. Los hombres vestían de oscuro y uno de ellos usaba sombrero.
De una bolsa grande de hule sacaron unos bocadillos aún más grandes, envueltos en papel albal. La mujer hizo como que se quedaba para ella sola todo aquel ágape, con un ademán entre coqueto y pillo, brillandole en los ojos la risa.  
'¡Trae pacá ese bocaíllo, prima! ¡Que tengo más jambre quel perro un ciego!', dijo uno de los gitanos, con voz de tenor cazallero.
Finalmente acertaron a desenvolver los bocadillos sin romper el papel de aluminio, como si quisieran conservarlo para otra merendola. Atisbé por encima del asiento para ver de qué eran los bocatas, pues nunca antes había tenido la oportunidad de asistir a una almorzada gitana, en ninguna de sus formas. Los gitanos en general me resultaban ambivalentes, eran misteriosos y regios pero tambien vulgares ,  y por eso me fascinaban. ¿Qué clase de bocadillos se zamparían?
El olfato me lo dijo antes que la vista. Eran de tortilla y de atún o bonito con pisto y de bacalao con tomate. Eran de ellos, no los habían adquirido en el bar de carretera donde habían repostado el autocar y sus ocupantes unos kilómetros atrás. Se me hizo la boca agua y me empezaron a rugir las tripas como diciendo:'¡Yo tambien quiero!'. Mi hermana tambien había visto y olido aquellos entrepanes suculentos.
 Nos volvimos hacia el asiento de atrás, e imitando el acento manchego de los paletos urgimos:
'Madre, dénos usted el almuerzo. Va, que ya tarda usted'.
Mi madre nos miró con reprobación pero rió.
'Qué dos gamberras de hijas tengo. Toma anda' y me pasó una bolsa de plástico.
Hurgamos dentro y sacamos dos bocadillos, uno para cada una. Eran de queso de bola o de jamón de york, no recuerdo. Mi madre cocinaba de miedo y hacía siempre, todos los dias del año, unos platos ultra deliciosos, pero para los bocadillos era muy sosa. Siempre los hacía de queso de bola o companaje y además los untaba de margarina. Reminiscencias de nuestra vida en Holanda, donde no se usaba el aceite de oliva para cocinar, y menos para rociar con él el pan.

Terminé mi aburrido bocadillo y comí una mandarina.
Miré por la ventanilla, ya un poco cansada de tanto paisaje solano. La música que emitía la radio del autobús tambien empezaba a resultar fastidiosa. 
Los tres gitanos llevaban una bota de vino de la que dieron, por turnos, un largo trago, echando al gaznate el hilillo rojo sangre que brotaba del pellejo.
Y entonces empezaron a cantar bajito, dando palmas flojito, no demasiado fuerte porque un villancico gitano tambien se puede cantar quedo. La música de la radio ya no se oía.

En ese momento fui consciente de que siempre recordaría aquella escena, de que nunca olvidaría a aquellos gitanos cantando y dando palmas, en aquel autocar camino a Madrid.


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LA MUSICA

No, no voy a poner canciones de corte navideño. Ya hemos escuchado demasiadas por estas fechas.

En el año en que se sitúa el relato, 1979, aparecieron muchos discos clave, como London Calling (The Clash), Reggatta De Blanc (The Police), el álbum homónimo de The Specials, y prácticamente todos los New Wave Anthems aparecieron ese año.
Si quieres saber qué música sonó ese año pincha en el link:

http://www.digitaldreamdoor.com/pages/bg_hits/bg_hits_79.html


He seleccionado 4 canciones que me recuerdan a esa época, o a una algo posterior quizá. Pero todos son temas de aquel final de década y principio de muchas otras cosas.


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Dreaming- Blondie
Album: Eat To The Beat, 1979






Driver's Seat- Sniff 'n' The Tears
Album: Fickle Heart, 1979 (single se publicó en 1978)







52 Girls- The B' 52  
Album: The B' 52, 1979





My, My, Hey, Hey- Neil Young
Album: Rust Never Sleeps, 1979
































jueves, 1 de noviembre de 2012

Historias de terror

No creo demasiado en fantasmas, espíritus, ángeles, demonios y demás seres sobrenaturales.
Ya tengo bastante con lo que me brinda la vida real. Mi trabajo como monitora de actividades en psicogeriatría, impartir cursos de español para adultos y mis actividades domésticas me mantienen con los pies bien anclados en el suelo.

Sólo la música y escribir me dan las alas que necesito para volar lejor de la realidad cotidiana.
Entonces lo sobrenatural se hace real.

Antes no era tan realista como lo soy ahora. Hubo un tiempo en el que creía a pies juntillas en la astrología, el tarot, los duendes y todo eso.
Sabía echar las cartas e interpretar el significado de su simbología, y me hicieron una carta astral. Además de eso, fui una vez a que me leyeran la mano. La pitonisa me pronosticó que iba a tener dos amores importantes, que iba a vivir muchas peripecias, que iba a residir en un país extranjero y que no iba a llegar a vieja.
De momento ha acertado en casi todo.

Pero todo eso no eran sino inocuas aficiones comparado con otro de mis pasatiempos favoritos durante mi adolescencia: el espiritismo o oui-ja. Me introduje en este alegre hobby por mediación de mi prima y sus amigos, en el Madrid de comienzos de los 80.
Eran los años del revival de los 60, pero tambien del surgimiento de la New Wave y el punk. Eran los años dorados de los comics, de la cultura underground, de Radio 3, de los programas musicales buenos en TVE, del rule con la mochila al hombro, del Rastro madrileño y sus gentes vestidas con los abalorios y zapatos de la abuela y los chalecos del abuelo.

Era la mejor época para ser una chica de 16 algo rarita, amante de nuevas experiencias y sedienta de emociones fuertes, siempre dispuesta a apuntarse hasta a un bombardeo.

Me acuerdo de esas veladas espiritistas como si fuera un sueño, pero al mismo tiempo lo recuerdo con la claridad de como si hubiera sido ayer.
Esas noches de invierno tan frías como sólo pueden serlo en Madrid. La diminuta salita de Antonio y Lola, en donde solo cabía un sofá, una mesa de centro y un par de sillas, llena de humo de tabaco y de varitas de incienso. Y de espíritus.

Teníamos una tabla de oui-ja casera con las letras del alfabeto y números del 0 al 9, que compartía el limitado espacio de la mesa con un par de ceniceros repletos de colillas, una litrona de Mahou y varios vasos, normalmente llenos del líquido ámbar.
Había tambien un vaso extra, el que usábamos como avatar, como vehículo para que el espíritu en cuestión se comunicase con nosotros. Ya sabéis, se ponía el vaso boca abajo y los participantes en la sesión colocaban el dedo índice en el borde de aquel, sin apretar, apenas rozandolo.
A partir de ahí no había más que concentrarse e invocar algún difunto propio o ajeno: '¿Hay alguien?'

En el tocadiscos de mis amigos solían sonar gente como Led Zeppelin o Peter Tosh, así como John Mayall, King Crimson o el Fleetwood Mac con Peter Green, no la mierda en la que se convirtieron despues, con la insoportable Stevie Niks.
La gente algo mayor que yo, como estos amigos, estaba muy influenciada por el rock de los 60 y 70. Se habían perdido gran parte de la cultura pop rock de estos años, ya que durante los mismos España se hallaba sumida en la más retrógrada de las dictadura, y sólo llegaban al país discos de buen rock de forma semi clandestina.
En la época en la que se narra mi historia, 1980, entraba ya a saco todo lo que se cocía en el resto del mundo.  A través de nuestra amiga la radio, el  mejor invento mediático hasta la fecha.

Cuando nos hartábamos de Supertramp o Deep Purple, poníamos la radio y entonces los sonidos frescos y vivos de la New Wave, del post punk y del techno inundaban la estancia y nos devolvía a la época que nos correspondía realmente. Janis Joplin hacía tiempo que había muerto y los Zeppelin eran una panda de carrozas virtuosos que tocaban demasiado bien.
Bienvenidos a nuestras sesiones de espiritismo, Police, Specials y Ramones!

No sentía miedo alguno de los espíritus invocados, al menos de casi ninguno. Mayormente se trataba de espíritus amigables, a veces conocidos, de algún amigo fallecido prematuramente a consecuencia de algún accidente o similar.
Había uno en particular que venía con frecuencia a compartir unas cervezas y algún porrillo que otro, y al que siempre dábamos la lata para que nos dijera en qué número iba a caer el gordo de navidad y nos soltara los resultados de la quiniela.
"A ver, Pepito (o como se llamase aquel fantasma), dinos la quiniela: ¿Real Madrid- Albacete?" y entonces Pepito hacía deslizarse el vaso por la tabla de oui-ja y señalaba por ejemplo el 1 o el 2, y a veces la x. A veces se equivocaba e indicaba el número 4 u otro. Entonces le decíamos que ese número no contaba en las quinielas. Este Pepito a veces parecía bobo.
Pero como quiera que estaba muerto y habitaba por ello en otra dimensión, le otorgábamos automáticamente el poder de pronosticar el futuro.
Lástima que este fantasmita en particular no fuera muy bueno en lanzar pronósticos.

Pero existían tambien espíritus malignos, entes malvados y negativos que entraban en contacto con nosotros sin haber sido invitados. Aparecían sin aviso, manifestandose como una oscura presencia impalpable, pero presencia al fin.
Mis amigos le llamaban Pinocho. El mismo se había presentado con este nombre.
El ambiente cambiaba por completo cuando él estaba allí. La esfera se tornaba extraña, la luz de la lámpara se reducía visiblemente, como si la bombilla se fuera a extinguir y diera sus últimos estertores. La estancia se enfríaba, como si un soplo helado entrara por la puerta cerrada, y la estufa catalítica parecía entonces no ser capaz de calentar el ambiente.

Asimismo, la presencia de Pinocho era obvia porque el vaso empezaba a deslizarse velozmente, casi con furia por el tablero, llendo de una letra a otra a veces sin orden ni concierto, otras veces formando palabras que se traducían en insultos y en blasfemias y en mensajes inquietantes.
Cuando la situación empezaba a pasarse de castaño oscuro conminábamos al sombrío ente a que abandonara el lugar. Entonces el vaso empezaba a moverse a una velocidad diabólica, dando vueltas y vueltas caóticas, tan rápido que apenas podíamos seguirlo. Llegaba un momento en que nuestros dedos no tocaban el vaso en absoluto.
La atmósfera se volvía rara, cargada. A veces se caían objetos como algún jarrón o libro del estante.
Llegado este punto, interrumpíamos la sesión. Recogíamos las letras del abecedario y los números y los metíamos en una caja junto con el vaso, si éste no había explotado, y los dueños de la casa lo guardaban todo en un armario bajo llave.

Una vez, durante una de estas espeluznates sesiones con el no deseado invitado, miré sin querer el espejo que colgaba en la pared de la salita. En él se reflejaba mi pálido rostro. Contemplé mi imágen y la de mi prima y las otras dos chicas. Todas vestíamos de negro, al estilo de Juliette Gréco, con suéter de cuello alto y pantalón estrecho, y llevábamos el cabello largo y liso. Miré tambien el reflejo de los chicos, con sus perillas y el chaleco del abuelo, todo pasado por el tamiz de los tiempos hippies que nuestra generación estaba reviviendo.
Y entonces ví a alguien más. Fue tan solo un instante. Una imágen fugaz como el flash de una cámara fotográfica, la vaga, borrosa silueta de una persona. Se me heló la sangre. De pronto, el fantasma ya no estaba.
No dije nada, no le comenté a nadie nada sobre la extraña y fantasmagórica aparición. Hacerlo hubiera supuesto reconocer que hubo algo, alguien.

Al terminar las sesiones abríamos la ventana de par en par a la noche fría de diciembre. Daba igual si la casa se helaba con el aire invernal. Nos asomábamos todos en tropel a la ventana, aspirándo el aire nocturno. En Madrid el frío es seco, para el que no lo sepa.
Encima de nuestras cabezas locas brillaban cientos de estrellas. La Vía Láctea entera, el universo entero en una noche fría, fría de hace mucho, mucho tiempo.

"Poned alguno un disco!" decía alguien.
"Qué coño, dejaros de discos y poned la radio!"
Y entonces sonaba Roxanne de los Police y las notas calentaban la habitación y al mismo tiempo esparcían un aire fresco. Adiós a Led Zeppelin.


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LA MUSICA

No pondré canciones de las que escuchábamos en la época de los hechos que he relatado. Esa ya nos la sabemos todos. Voy a poner bonitos números sobre fantasmas y espíritus, ghosts.
Practicamente casi todos los grupos o cantantes tienen una canción sobre fantasmas. No hay más que mirar en internet!

Sobre todo entre las bandas de los 80 y 90 hay una predilección por este tema. ¿Por qué? Pues porque es un tema románticamente morboso y melodramático, que conjuga letras oscuras con música intensa. Escucha sino el Lullaby de los Cure.

Pero no solo entre las bandas de alt pop/rock como The Decemberists o Neutral Milk Hotel encontramos canciones de corte fantasmagórico o con el tema 'fantasmas'. Tambien entre los clásicos como Bob Dylan con su Spirit On The Water o Bruce Springsteen con The Ghost Of Tom Joad.

Aqui os dejo una pequeña selección de canciones sobre fantasmas. Que las disfrutéis!


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Spirits In The Material World- The Police
Parece como si la banda británica se hubiera inspirado en nuestras peripecias paranormales de 1980, ya que el LP Ghost In The Machine apareció en 1981, un año despues. 





Is There A Ghost- Band Of Horses
Uno de los mejores temas de esta banda de Seattle. Del álbum de 2007 Cease To Begin.





Attack Of The Ghost Riders- The Raveonettes
Este número fue el primer éxito del grupo danés. Este dúo peca de ser un poco sositos en el cante, pero se les perdona por lo bien que tocan las pedazo canciones que hacen.






Little Ghost- The White Stripes
 Deliciosa canción del dúo de alt country-blues-rock, del álbum Get Behind Me Satan, del 2005. Al más puro estilo country...

 
 



Ghost Town-The Specials
Este tema de 1981 no va de fantasmas sino sobre paro juvenil y falta de perspectivas de la juventud británica de aquellos años. Tambien de sus contemporáneos españoles, por cierto.







Ghost- Neutral Milk Hotel
Qué extrañamente bella canción es esta... Estos Neutral Milk Hotel suenan a estar mal del caberolo, por eso me gusta este tema. Me encanta la atmósfera inquietante que la envuelve, en gran parte conseguido gracias a los distintos y variopintos instrumentos musicales que la componen, y claro está al tema central.
El álbum de 1997 In The Aeroplane Over The See, habla en la mayor parte de sus canciones del sueño recurrente del cantante, sobre una familia judía y sus trágicas vicisitudes durante la segunda guerra mundial en Holanda. Con reminiscencias a Anne Frank.

 





















 









sábado, 29 de septiembre de 2012

Cuando vuelvo al Sur

Volver

Volver con la mente marchita
las fiebres del invierno
jodieron mi ego.
Sentir que la vida es compartir
con los que hace más de veinte años
saben cosas de tí.
Vivir con el alma partida
buscando un recuerdo
que me diga quién fui.






 No soy muy buena escribiendo poemas, así que he hecho una versión libre de la canción 'Volver'.



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Cada vez que vuelvo a mi otro país estoy deseando hacer las siguientes cosas:

Tomarme una cerveza y las que se tercien con mis primos, mientras hablamos y hablamos de gente y lugares comunes en tiempo y espacio, recordar anécdotas en las que todos hemos participado, que me recuerden lo que dije, hice o dejé de hacer en tal o cual ocasión.
Y reírme en castellano, que reírme en holandés no es lo mismo.

Hacer bami para mi familia y amigos, que siempre me lo piden invariablemente, y luego la Patti a cortar verduras en cachitos minúsculos y armar un bami para 15, como la última vez, para que me digan después que el guiso estaba de muerte y que si ha sobrado me lo pido yo.

En mi casa (en Holanda) tardo apenas unos veinte minutos en preparar este plato, tan popular y normal aquí como en España unas lentejas. Aqui venden en el super bolsas con las verduras del bami y nasi ya cortadas en trozos menudos. Así sólo tienes que echar el contenido en el wok y esperar a que diga esta boca es mía. Muy poco emocionante, ¿no?
En cambio, cuando estoy en Valencia y mi gente me pide que les haga un bami, empieza la aventura. La ejecución del plato puede durar hasta dos días!

Primero me voy con mi prima a comprar los ingredientes. En el super disfruto con el cambio cultural que supone estar viviendo en otro país. Me encanta ver y escuchar a la gente del que hasta no hace mucho fue mi sitio. Me suena hasta exótico.
Tras adquirir la cebolla, el puerro y apio, la col y la zanahoria e ir a la dietética a por salsa de soja de la buena, procedo al cortado de las verduras, que me puede llevar una hora de reloj. A ratos estoy sola mientras pico las verduras, a ratos tengo mirones a mi alrededor, que a veces echan una mano y otras no.
Cuando está todo reducido a pedacitos naranja, verde y blanco, lo echo todo en el wok con aceite de girasol bien caliente, lo tapo y ahí se queda. Semejante montaña de verduras necesita tiempo para hacerse.

Al final acabo siempre hablando de comida.......

Otras veces, mientras cocino el pantagruélico bami para veinte, vienen amigos a verme.
Ver a amigas de (casi) toda la vida, de esas que vienen de visita sin avisar porque se han enterado que he venido, y con las que te sientas a la mesa de la cocina a beber cerveza y reír recordando los pelos que llevabas hace veintitantos años y lo que te molestaba que lloviera o que algún gracioso te mesara el moño y te mandara el peinado big hair a hacer puñetas.
Las verduras al fuego, las ventanas y puertas abiertas a la calurosa tarde-noche de septiembre, y cuatro amigas riendo y hablando por los codos con una cerveza a mano.
Así preparo yo el bami cuando estoy en mi otra tierra.









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LA MUSICA



Feelin' Good-Nina Simone





My Home Is On The Delta- Muddy Waters




Entre Dos Aguas- Paco de Lucía
Video de 1976